Ausencia

Llevo unas horas pensando sobre qué escribir, exactamente desde hace un día cuando me decidí a inaugurar este espacio.

No tenía, ni tengo aún muy claro el tono. Si quiero ponerme profesional me entra el pánico de no saber nada, y a no lograr compartir nada de interés, si me relajo corro el riesgo de convertirlo en un diario emocional y francamente, para eso están los amigos y los bares.

Este blog pretende dar cuenta de mis aventuras en estas lides creativas. No sólo de creación vive el que crea, también de la porca miseria del mundanal ruido, y de lo que le conmueve y de lo que le solivianta.

Así que iré haciendo que es como el mundo se construye.

Hoy quería escribir sobre un tema que me tocase, sobre algo que se arrastre por los bajos fondos de lo que estoy escribiendo. No es tarea fácil, los proyectos que vienen traen muchas ganas de decir, y mucha fuerza. Ya os iré anticipando.

Y entre hacer y no hacer, me ha venido a la cabeza el cómo hacer y desde dónde.

Cómo hacer sin morir en el intento. Cómo dar-se sin perder- se, cómo compatibilizar pasión con vida. Cómo evitar el sacrificio. Hablo de un baile entre la ausencia y la presencia.

Por supuesto que defiendo los proyectos de vida, personales, destino u objetivo. Me da igual la palabra. Creo y quiero creer en ellos porque es a lo que nos aferramos quienes no tenemos más que dos manos y entusiasmo por crear.

Os anticipo que uno de los proyectos va de cómo crear y creer, o viceversa.

.Mi duda es hasta dónde llegar en esta entrega, siendo prácticos, realistas y pragmáticos (de nuevo la palabra para abarcarlo todo) lo que en el mundo del trabajo real (ya sabéis, el que pagan a final de mes con nómina) llaman CONCILIACIÓN.

Tranquilos, no voy a meterme en la conciliación laboral de la mujer (y ese gran engaño de la modernidad) porque me daría para dos o tres horas de texto, y es la hora de la cena. Hablo de hasta dónde poner la energía, el corazón, las ganas.

El que quiere comer y es autónomo o pseudoautónomo dirá que hay que darlo todo. Y en ese todo o nada, exigido por los proyectos que arrancan y los que quieren mantenerse, dónde poner el límite y fichar mentalmente para volver al mundo real, ése en el que alguien te espera para cenar.

Cuando decir basta, cómo recargar la batería.

Yo misma me he encontrado elaborando una y otra vez un material que ni siquiera tenía visos de salir de mi casa, y ahí estaba quemándome las cejas frente a la pantalla.

Hace poco alguien me hablaba de lo que había perdido por su elección. Como si en ese camino uno fuera caminando solo, como si ese camino tuviese una sola luz aguardando.  Y yo me pregunté ¿Y por qué lo has perdido? quizás formaba parte de tu elección.

Vivimos en un mundo donde el sacrificio se convierte en la conducta adecuada. Para nosotros, clase media en proceso de extinción, trabajar hasta la extenuación es el modo moralmente aceptado de ganarse el pan honradamente. Matarse a trabajar o ganar la Lotería, claro.

Luego están los que roban, pero esos pertenecen a otra categoría (que Kant ni se había inventado) Nosotros, hijos de curritos normales, hemos de obtener un trabajo  y currar hasta la jubilación o más. Los artistas como no curramos ni por esas, a trampear por la vida con otros trabajos en los que nos asfixiamos mientras elaboramos internamente lo nuestro, ¿o creían que éramos todos hijos de la estirpe Iglesias- Preysler? Por eso, si cualquiera de nosotros logra fijarse un objetivo, ¡A por ello… valiente, emprendedor, pequeñoempresario!

Tanto sacrificio y tanta ausencia.

Tantas horas en el transporte, tantas citas anuladas.

Puedo tocarte y pensar en lo que me queda por hacer. Puedo darte un beso vacío de contenido y lleno de promesas. Pero será un anticipo de algo que no va a llegar, de un vals bailado a medias con un espectro que jamás te hará daño cuando te pise, porque su alma está en aquello que anhela, en lo que espera conseguir en un futuro próximo. Ese futuro en el que alcanzaremos la luz, y será una luz cálida y envolvente como la luz crepuscular sobre el Foro romano. Y allí, buscaremos a tientas deslumbrados por el fulgor,  esa mano tierna que nos devuelva el tacto, nos giraremos un instante para gritar: ¡Lo he conseguido!, y tal vez, ni siquiera el eco te devuelva la caricia.

Aquí, ahora. Ya.

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