Cruzar el umbral

Comenzamos año.

Y me siento a escribir. Necesito escribir aunque no sé de qué. Acabo de terminar un texto y me he quedado un poco vacía, como una recién parida a la que le da miedo mirar su criatura, no vaya a parecerse al padre, sea quien sea.

Observo la pantalla y nada.

Me digo: escribe desde tu dolor (a veces funciona) entonces me pondré a escribir sobre amores trágicos y traiciones. La tristeza es muy creativa pero te conduce siempre a Cumbres Borrascosas.

Escribe sobre tu pasión es decir, apasiónate sobre lo que escribes y me lío. Sobre tu pasión terrenal, nena, me parece que aún no.

Bueno, pues sobre lo bien que te va a ir este nuevo año.

Me va a ir fenomenal en este nuevo año. Fin.

No visualices demasiado que lo bloqueas. Y es que a mí esto de visualizar me funciona a la inversa, cuanto menos más.

En serio Laura, eres escritora, céntrate, no tienes resaca. A ver ¿por qué has puesto ese título?

Cierto, el título. Ya tengo por dónde empezar.

Ayer por la tarde, me dio por abrir un cajón de mi cuarto (cuarto en el que vivo recluida a lo monja del Cister) y allí estaban, docenas de cuadernos garrapateados desde el 97 hasta bien entrados los dosmiles. Diarios de mi primera juventud, trágicos, apasionados, reflexivos… abrí uno al azar, de los más antiguos (el más antiguo es de cuando tenía siete años y tiene una bailarina en azul celeste y un candadito dorado) Abrí uno, un poco menos antiguo y bastante grueso.

Me asaltó un párrafo en el que hablaba de cruzar el umbral del año nuevo como símbolo de nueva vida (yo, que he vivido seis vidas ya) con una inocencia e ilusión dignas de estar bendita. Me conmovió leerme y no haberme borrado aún, tras tanto tiempo.

Por la noche, en un mensaje, me desearon un buen paso de umbral. Todo lo bueno del año nuevo me esperaba al otro lado, me esperaba desde hoy.

Entró el año. Y esta mañana, con toda la familia dormitando su día 1 y mientras desayunaba he vuelto a releer Moths. Mi obra de cuarto de RESAD. Mi pequeña. Hacía años que no caía en mis manos, una deja de leer lo que escribe porque ejerce sobre sus textos un cierto paternalismo no exento de dureza. La he leído de un tirón, sin pensar, queriendo. En una escena, Virginia le dice a Clive:

-Adelante, ¿desde cuándo te detiene un umbral?- Alusión clara al entusiasmo del personaje y al interés de éste en arrebatarle su virginidad. Pero eso es otra historia, no nos desviemos.

Tres momentos, unas pocas horas. Tres umbrales. No soy la loca de los umbrales, entre el diario y Moths habían pasado diez años. Entre Moths y anoche casi siete. Joder, el tiempo.

Para cruzar el umbral hay que quitarse el peso del miedo y la mentira. Pronuncio umbral y estoy en Italia, a cuarenta grados a la sombra toscana danzando sobre Alicia (mi adorada Alicia), digo umbral y evitando la gracia de ponerle Paco delante, me cruzo de acera y te saludo con la mano y un beso rojo en la punta de los dedos. Pienso umbral y atravieso un túnel donde personas desconocidas me dan la bienvenida por nacer.

La serendipia nos hace viajar y teje en torno a nosotros una red poderosa e invisible que se nos ciñe a las caderas para que podamos recorrer todos los caminos. Pero claro, para ello hemos de estar desnudos y con la piel a prueba de asombro.

Feliz umbral.

Estamos al otro lado. De momento.

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