No te vayas a creer (conversaciones desde el absurdo de dos)

-Pues le dije de tomar algo y me dijo que ya había quedado-

– Claro – asintió mi amiga- porque se habrá creído que quieres algo con él.

– Pero me dijo que otro día nos veríamos- respondió desconcertada.

– Se creerá que lo que quieres es otra cosa-

– ¿Tomar un café?. No entiendo.

– Chica, pareces nueva. Los tíos se creen que llevar la iniciativa es síntoma de enamoramiento.

– Pues así no me puedo enamorar.

– Deja espacio para la sorpresa, no te pongas nerviosa.

– No estoy nerviosa, sólo molesta.

———

– Me invitaste al teatro, a un vino y me empotraste contra la pared al despedirnos.

– No te vayas a creer que eso significa algo. Me apetecía en esos momentos, hay que dejarse llevar, hay que fluir.

– Sí, pero cuando te dije que no iba a tu casa dejaste de llamarme.

– Estoy muy ocupado.

– Disculpa, no vayas a creerte que es un reproche, me sorprendió tu silencio.

– Sabes que tengo mucho curro.

– Y yo que me alegro.

– Otro día si eso, quedamos.

– Otro día.

—————

– Me apetece llamarte y proponerte una cita. Ni siquiera te llamaría, te mandaría un mensaje gracioso repleto de caritas sonrientes y amarillas. Te propondría esa exposición que quitan hoy y que llevo tres meses postergando. Y quiero verla contigo y que discutamos luego si eso es arte o insomnio permanente del artista.

Hace un sol estupendo y estrenaré sombrero, me vestiré chic y  llegaré antes porque no lo sabes, no me gusta hacer esperar.

Te escribo y dices sí con entusiasmo y naturalidad. El resto puede ser historia. Sin embargo, no lo voy a hacer, me morderé la lengua y redactaré mensajes que serán borrados según nazcan, no te vayas a creer que lo que quiero es que me cortejes y perdamos el encanto de dos tipos encantados de conocerse. No te creas bajo ningún concepto que puedas llegar a gustarme y que puedas decirme que no. No sé dónde escondería el rechazo, tiré todas las alfombras por el acantilado.

————-

– ¿Qué le has comprado qué?

– Sí, me apetecía, salí a por los regalos, lo vi en un escaparate e intuí que podría gustarle.

– ¿Tú sabes lo que eso significa?

– No

– Que te gusta.

– O que me gusta hacer regalos.

– Sí, pero no te conoce, no sabe nada de ti.

– Bueno, no deberíamos pensar en eso, no? si nos apetece regalar algo somos libres de hacerlo, somos mujeres liberadas.

– Nosotras seremos todo lo libres que dices pero si tú le has comprado algo se va a creer que significa otra cosa.

– ¿Y qué cosa significa un regalo navideño?

– Otra cosa, cualquier cosa que se pueda creer y que te deje en mal lugar.

– Ahora sí que me siento confusa, tengo un regalo, tengo un deseo y un noséquémás.

– Es que funcionamos de otra manera y no sabe cómo eres.

– No, no lo sabe. Ni lo va a saber.

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