En el laberinto transparente

No es bueno escribir desde la tristeza.

Ni desde el enfado.

No es sano quedarse atrapado en el dolor, tampoco en la decepción.

La rabia saca frases que atropellan, la pena ahoga.

El deseo, ay el deseo, nos empuja a un remolino del que sólo nos saca la realidad.

Y vivir, vivirlo todo con la mirada limpia de mi yo niña. De niña que recién recuperó sus fotografías de infancia arrebatadas por el Ogro casi veinte años antes.

Delirar, como deliran los insomnes y los febriles.

Tengo fiebre.

En serio, tengo fiebre.

Y deseo, y rabia y pena y niñez. Tengo una niñez muy amplia desde la que miro el mundo como los balcones frente al mar.

Los niños cuando caen se levantan y siguen.

La mujeres con niña dentro tardan un poco más en levantarse.

Y mirarse en otros ojos, espejo de una misma, con la intensa emoción de quien se permite soñar. Soñar que somos sinceros, soñar que acariciamos, hablamos y acompañamos en el mismo y simultáneo acto de ir hacia el otro, navegando.

Sacarse las palabras una a una, pescadas del fondo de la garganta con el anzuelo de la risa y el llanto para dejarlas ir. Y dejar ir a quien no quiere estar, a quien no sabe que quiere estar, dejar ir las ganas de hacer ver que quieres estar pero no sabes que quieres hacerlo, e ir trenzando un laberinto complejo donde Ariadna muere sola y febril al fondo a la derecha.

En serio, tengo fiebre.

Una noche como hoy, como tantas otras noches como hoy, me permito abrir mucho los ojos hasta que escuecen y pupila abajo se derraman las noticias y los besos. Sonrío, sonrío mientras me derramo.

Las poetas y las dramaturgas, que somos lo mismo de dentro afuera, de fuera adentro, todas las poetas y dramaturgas abren sus brazos en esta noche, una de ésas que Neruda cantaría, una que yo me invento acompañada de otras voces para no sentirme Ariadna y no caer como Melibea de la torre más alta de Vigo.

Melibea tampoco fue niña.

No es nada, y lo es todo.

El cuerpo sabe, de ahí la fiebre.

Una vez que las palabras salen, qué es lo que ocupa su hueco?

Silencio. Lo demás es silencio.

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