En eL VIaJE HaCIa dENtrO

“Dijiste que el enfado volvería

del mismo modo que lo hizo el amor”

Anne  Sexton

Equivocarse de nuevo, otra puta vez.

Tener sólo palabras con las que curar.

Llamémoslo herida. 

Las palabras no sanan, escuecen. 

Una palabra tuya bastará para sanarme siempre y cuando sea verdad. 

Y las palabras nunca lo son. No son más que sonidos en busca del otro.

Y no tocan, con suerte resuenan, y tú en tu cuerpo y yo en el mío. 

Tú eres uno. Yo soy otro. 

Uno más uno no suman dos.  Bajo uno, tú. Bajo el otro, yo.

Un baile en la noche de cuerpos a la deriva. Y no hay más, salvo la distancia que separa un cuerpo de otro estén frente a frente o frente a un cristal.

No digas que hay más. No hay más. Tú en tu cuerpo, y yo en el mío, como naufragos.

Me hablaste de odiseas que yo leí siendo niña. Y como niña fascinada con el mito, empaqué mis cosas y me hice a la mar.

Pero tú esperabas una Penélope que tejiese calcetines y se pintase los labios para parecer hermosa.

O quizás una sirena, suave y plata como el agua en la noche. 

¿Qué hago yo con estas piernas y estas alas? ¿Qué hacer con los tejados de las viejas casas de Madrid o Praga? 

Hay otras mujeres, otras que en mí viven aguardando a un Ulises cruzar el umbral tras devorar el mundo, cansado y satisfecho. Mientras ella siente los labios resecos de una sal ajena. 

-Era mi aventura- te dijiste.

La tuya no es la nuestra. 

La tuya, la mía, la nuestra, la vuestra, la de ellos que fueron.

Llamémoslo decepción.

Porque aunque sean sólo palabras, merece un nombre, para que exista como un faro.

 El faro de vuelta a casa. 

Anuncios