¿De qué hablamos cuando hablamos de AMOR?

De AMOR, bizcochos de chocolate y TEATRO.

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Tomo prestado el título del maestro Carver para actualizar mi blog. 

Me preparo un bizcocho de espelta con todo el chocolate que encuentro por casa y me siento a escribir de nuevo. Esta vez desde mí. Estoy nerviosa como una enamorada.

¡Feliz día! 

Primero la felicitación, válida para el 13 de febrero y para mañana. 

Confío en que hayáis dedicado al menos, un minuto a vuestro amor o vayáis a hacerlo. Amor de pareja, amor a aquello que améis.

Leerme también es un acto de amor. Me estáis amando sin saberlo acaso.

Hoy he decidido mantenerme al margen de tóxicos amorosos, de vino, canciones, películas y mensajes. Ha sido complicado, los corazones rosas desbordan cualquier ventana, virtual y real. 

Quería comprobar qué he aprendido del amor en esta etapa.

Descubro en mí mucha información. Como mujer moderna y consciente,  sé de reacciones químicas, de estados hormonales, de interacción, de cómo deconstruir el amor romántico, de porcentajes, como si toda esa maraña de cifras y letras me fuera a proteger, como si yo no estuviera ya contaminada. Me como el bizcocho vegano, ecológico pero repleto de chocolate, contradictorio e insano. 

Seguimos necesitando que nos amen para ser. Ser mejores. O  eso creemos. 

No, no es un post de autoayuda. No sé qué diablos es.

 Yo no sé si sé de amor, de su praxis.

Sé que en nombre del  “amor” se han librado guerras externas e internas. 

Sé que las mujeres cargamos con el cuerpo muerto de lo que nunca seremos, tan irreal como menstruar agua de Florida o aguardar al príncipe azul. 

Veo cómo esas mujeres se destrozan. Y me preguntan (a mí, a mí) que parezco Sócrates cicuta en mano. 

Veo cómo los hombres huyen, y vuelven, y desaparecen, y buscan y se destrozan a su manera.

Veo a lo Casandra.

Me viene a la cabeza una definición del Amor del campo de la psicología: 

AMOR ES SENTIR QUE IMPORTAS Y SENTIR QUE APORTAS.

Emoción y acción.

La mayoría de las veces una de las dos falla, o las dos.

Y seguimos llamándolo AMOR.

No importa mientras tengamos un amor al que etiquetar.

Yo no lo quiero así.

Quiero emocionarme y emocionar, quiero accionar y mover a acción. 

No quiero más reacciones, reacciones alérgicas.

Emoción y acción. Igual que en EL TEATRO. 

Éste es mi regalo en el día de hoy para todos los días.

Para MÍ y PARA VOSOTROS. 

Si no es así, no lo llaméis amor. Llamadlo necesidad o capricho. Mirad preocupados la pantalla del móvil, mirad debajo de la cama ajena cuando no encontréis el zapato izquierdo, mirad esa arruga en el entrecejo que os ha salido de emocionaros de más o de menos, de hacer de más o de no hacer nunca. 

Y quereos, joder.

Os veo- dijo Casandra. 

 Creo que acababa mal la historia, pero habrá valido la pena.

NOS VEMOS EN EL TEATRO, y en la VIDA.

Felices.