Una casa.

Robledo, Huelva, Sevilla, Reolid, Madrid, Pontevedra, Vigo.

Madrid, Madrid, Madrid. Y no es un chotis.

Estrellas innumerables, estrellas en una camisa de seda, estrella en la etiqueta de una cerveza, estrellas en ojos ajenos. Una estrella fugaz en el cielo urbano.

Vuelvo a casa aunque no sepa cuál es.

Se ha cerrado una puerta, una en cuyo buzón se leían otros nombres. Y he caminado por grietas de tierra roja, por lomas, por bosques, hundiendo mis pies en arena clara. He abrazado a amigxs antiguxs, a nuevxs amigxs, a amores pequeños.

He cantado, he cantado tanto que el viento no pudo atravesarme, se metió en mi cuerpo, se hizo voz y los niños me siguieron por las calles, y una yegua blanca me lamió las manos mientras cantaba por alegrías.

Perdí el corazón y lo pesqué en el mar.

Quise y quiero dejar el teatro, abandonar la suciedad y el hielo, apartar la turbulencia de la escena. Pero las palabras beben en mi sangre por las noches y me despierto tan cubierta de heridas que solo al pronunciarlas sano. Y escribo esto, un tercio de poema, de diario y de mensaje en una botella.

¿Alguien sabe cómo se vuelve a casa? ¿Y dónde está?

Mañana, hoy, en horas yo regreso. Vuelvo a cumplir años, a revisar sueños. Después del llanto y de la risa, a punto siempre de arder. Y soy y no soy. ¿Entiendes eso?

Ante mí, una puerta.

A mi espalda, una baraja.

Hola.

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Fallarás

“Qué bonita eres.

Qué ojos más grandes tienes.

Qué bien quedas en mi cama.

Dónde has estado todo este tiempo.

Qué miedo me das, qué miedo me estás dando.

Te llamaré para tomar un vino, te llamaré en veinticuatro horas, vamos hablando.

Voy a esperar a que se me pase tu efecto.

Cuando tenga un rato te llamo. Mi wassap está disponible.

Estoy muy ocupado, estoy muy ocupado, estoy muy ocupado.

Pero tú me gustas, cómo no me vas a gustar, a quién no le gustas? tienes flow, tienes duende.

Laura, eres Laura”.

Dile esto, todo esto a una chica y ten por seguro, que esa noche fallarás.

Has leído bien, FALLARÁS. Sin vocales confusas o consejos infalibles.

Será posible que la apreses y que ella se abra para ti como una flor o una mancha.

Seguramente, tensará mucho los labios y soltando un suspiro, te confiese algo que guardaba dentro. 

Quizás te mire, y crea reconocerte.

Y seguirás fallando con gusto hasta descubrir un rincón en su cuerpo y hacerte un ovillo en él durante horas.

Fallarás en el vacío, llenarás los huecos con sonido y llanto, con un gemido.

Fallarás más que nadie y podrás alardear con tus amigos, llorar a tus amigas, contárselo a tu madre. 

Y ella seguirá al fondo del pasillo, vestida de blanco y azul, escuchando de nuevo la pieza.

Aguardando una sola palabra con alma. 

¿Bastará para sanarla?

Cosa de místicos. Pero ella siempre ha sido un poco extraña, hija amante del silencio.

A punto de regresar al paraíso de su infancia, encierra libros en la maleta. Deja tus palabras fuera. Ya cargó con ellas mucho tiempo.

Fue patético llenarte de palabras como el lobo.

Fue penoso hundir en ella tu falta de piedad contigo mismo.

Porque una palabra es una piedra y un cuerpo yacente un lago, y la piedra que se arroja pesa y las ondas del agua lo despiertan, y cuando quiera saber qué cuenta la piedra, se encontrará atrapado en su fondo por las palabras sin alma.

En este miedo inmenso donde todos flotamos, decir lo que se quiere oír, para fallar, se convierte en estado de sitio, estado de gracia -estado de soltera todo el día- que escribe Gloria Fuertes. 

Y o duermes o nadas para no ahogarte.

Comienza el viaje con destino al alma desnuda. Nada.

El que nada no se ahoga. 

Nada y no fallarás. 

Y quizás, así te ames. Me ames.