El año que me reconocí en mi nombre.

Comencé el 2017 comiendo uvas y frambuesas. Eso sólo podía significar una cosa: que el año iba a ser de lo más variado. Y así ha sido, un año de color y de sombra, dulce y ácido, un año único como debieran ser todos en este corto camino de nuestra existencia aquí.

A las puertas de un número nuevo que traerá consigo cambios, una cifra más en la biografía, y mil experiencias, mi balance pretende ser breve a sabiendas de que el mundo no puede contenerse en caracteres reducidos. Y es que de mirar tanto hacia atrás tropezamos por no fijarnos en lo que vamos pisando.

Es por ello que este año se resume en una sonrisa íntima (para mí queda el aprendizaje) y en el orgullo de haberlo vivido al 100%.

En 2017 me miré al espejo y me descubrí tal y como soy, he sido y quiero ser.

Encontré amigxs, y sin querer enemigxs, porque de todo tiene que haber.

Di voz a nuevos personajes y me reafirmé en la importancia de visibilizar la presencia de las mujeres en la ficción y en la realidad.

Colaboré con adolescentes, mujeres y niñxs en esto tan hermoso de crear.

Acuné en mis brazos un texto en papel que ha supuesto un cambio de ciclo.

Quise creerme que un hombre inteligente puede ser emocionalmente maduro, me equivoqué, perdí la fe.

Regalé un billete de metrobús sin límite de viajes y apenas me dieron las gracias.

Contemplé tantas veces el horizonte desde las colinas de Reolid, que mis ojos se volvieron tierra roja, y pude empezar a recuperar la fe en las personas.

Hablé con una yegua blanca y ella me hizo hablar por boca de la mística.

Formé parte de una boda con amor.

Deseé algo así y me cayó un ramo encima.

Subí una montaña desde donde por fin, pude respirar y brindar con vino.

Abrí las puertas de par en par a la vida.

Viajé, me mudé por dentro y por fuera.

Empecé a descubrir lo que tengo, lo que puedo dar y hasta dónde.

Dije: acepto. Dije: así no. Digo: adelante.

Y supe, sé, que sólo compartiéndome desde lo más hondo y reconociendo cuán única soy, somos, puedo crear y creer en la vida y en ti.

Os deseo un 2018 pleno de alegrías encadenadas y de cadenas que sean abrazos de lenguas, palabras y luz.

FELIZ COMIENZO DE AÑO!

 

 

 

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