Regalos del 2017

Un reto: pedir.

Un viaje a Galicia.

Encuentros afortunados.

El sol sobre el agua del mar en un día de invierno.

Una copa de vino.

Las campanas sonando mientras sigo en la cama.

Proyectos nuevos y reales: textos, independencia, viajes.

La Editorial Antígona publica El techo de cristal.

Una entrevista que yo hago. Dos que me harán en breve.

Tu silencio y mi fueza para no enredarnos más.

Un abrigo morado de lana.

Y una reflexión sobre el proceso de escritura de El techo de cristal.

Regalos de este recién iniciado 2017

Y lo que queda…

Sobre escribir y/o vivir

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Vuelve el “El Techo de cristal. Anne & Sylvia”

 

Algunas de la últimas críticas…

Butaca de primera:

La pieza es redonda y sin fisurasla puesta en escena soberbia, recordando desde el primer momento los ambientes turbios que en tantas películas (y últimamente también en alguna serie) nos han planteado cuando se hablaba de esta época. Pero sin duda lo más interesante de la obra, además de un texto elegante y distinguido, es la complicidad que transmiten los tres actores 

Alba Mariño, Popup Teatro:

El techo de cristal es una muestra cruda y real de la ardua tarea de la “búsqueda de la vida perfecta”, de la vida soñada, pero sobre todo, esta sublime dramaturgia (firmada por Laura Rubio Galletero y creada desde la verdad más desnuda, desde la fuerza y desde la ausencia del miedo), supone una demostración del poder y el protagonismo de las mujeres antes, ahora y siempre”.

Ángel Silvelo, Todo Literatura: 

Bajo un excelente texto de Laura Rubio Galletero, asistimos a través de los vaivenes del flashback a este proceso de ida y vuelta que solo el paso del tiempo nos permite afrontar, y desde el que poder afligirnos, reir y llorar junto a los actores que lo ponen en pie…

El techo de cristal es una magnífica obra de teatro que nos hace reflexionar sobre aquello que de verdad importa

Tragycom:

Laura Rubio Galletero… teje un cesto consistente, sutil y vital en el que estas dos fantásticas brujas desnudan sus vacíos y los exponen a la mirada pública”. “… Una escenografía cálida y versátil que nos transporta a través de distintos años y momentos de sus vidas arrullando nuestros oídos con músicas de Nina Simone, Billie Holiday o Frank Sinatra”.

  • La obra vuelve a estar en cartel en Nave73 los viernes a las 20h durante los meses de diciembre (excepto el 23 de diciembre) y enero
  • Sólo el 23% de las obras de teatro estrenadas en España están escritas por mujeres, según el estudio elaborado en 2015 por el Grupo Barraquianos (Tragycom) a partir de los datos del Centro de Documentación Teatral de los últimos 20 años
  • La   propuesta,   sexto    montaje    de    la    compañía    La    Pitbull    TEATRO   (candidata   a   los  Premios    Max    2014   con   Segismundo,    el    príncipe    prisionero),    está  protagonizada   por   Luzia   Eviza   (Anne   Sexton),   Montse   Gabriel  (Silvia  Plath)  e  Ismael   de  la  Hoz  (Ted  Hughes).
  • Anne    Sexton    y    Silvia    Plath    fueron    dos    norteamericanas,    dos    bellezas,    dos  madres,  dos  hijas,  dos  esposas,  dos  suicidas… Fueron  dos  grandes  poetas que en  sus  textos  abordaban   con   valentía   temas   como   el   incesto,   las   drogas   y   el   sexo   en   una  época  de  censura  moral  y  de  servicio  femenino  a  la  familia.
  • Las barreras profesionales que tienen que enfrentar las mujeres para alcanzar el éxito, limitadas también por el escrutinio de las decisiones en su vida personal, son los temas que subyacen en la obra de teatro “El Techo de Cristal (Anne&Sylvia)”, de La Pitbull Teatro.

 

Restos del naufragio

“Amar la realidad sería amar la mierda. Y amar la mierda sería añadir otra mierda más a mi vida”

Digo lo que necesito decir, o escribir, o vomitar. Yo, la comedida, la prudente, reúno estos tres verbos en uno solo y cuando digo, vomito, y cuando escribo, vomito.

Voy a hablar. No es una metáfora. Una sandía partida en donde se han detenido las moscas a desovar. Eso sí es una metáfora.

Lo sé, cabrones, por eso escribo, para que no me soltéis un diagnóstico evidente, y luego desaparezcáis. Escribo para no tener amigos, y para no depender de ellos, aunque los tenga.

He redactado ya los prolegómenos. Un poco de vaselina antes de disparar a bocajarro. Las balas se deslizarán suavemente por la piel entrando en la carne. Y el chasquido de los huesos me sacará una sonrisa.

Habita algo excitante en lo que intuyo que voy a escribir, un zumbido entre mis costillas como un constipado mal curado, un recuerdo que busca la pregunta que se quedó sin respuesta pero que aún no termina de encajar, un picor indefinido en el pie.

Escribiré sobre la falta de comunicación. Sobre la incomunicación o sobre el ruido. Algo sobre esas personas que pasan por nuestra vida haciendo mucho ruido (y pocas nueces)

Sobre la ausencia.

Algo como esto:

“Nada hiciste sino ruido. Malestar en la pantalla, malestar en mi cuerpo. Y yo pataleando como una niña a la que los reyes le han traído un regalo terrible, a la que le han traído un pijama de felpa viviendo en Canarias.

Mereces mi odio. La baba negra y cruel de una persona herida.

Herida sin saña, al descuido, dejando llagas abiertas y con mal aspecto.

Heridas por las que nadie será acusado de homicidio. Tantas heridas como en el pellejo de un oso abatido.  Mi piel no podrá usarla nadie más como alfombra después”

Hablo en general, por supuesto. No. Hablo por mí aunque no para mí.

Lo mejor de escribir en blanco es que suele quedarse en nada. En un documento de  título aleatorio  del que me desharé cuando haga limpieza. Una mamada. Una paja en el asiento de atrás de un coche de alta gama pasados los cuarenta. Un insulto entre dientes porque gritarlo conlleva valor. Un valor a la baja.

Escribiré sobre la aceptación de la realidad. Y cómo esa aceptación me llevará a sentir amor por el presente. Será un ejercicio de estilo tan de moda en las escuelas. Voy a ver si “amando lo que hay” me dan un Max o un Planeta.

Articularé frases de este tipo:

“Amar la realidad sería amar la mierda. Y amar la mierda sería añadir otra mierda más a mi vida junto al teatro, la familia y los pueblos de costa vacacionales. Coprofagia emocional sería. No sé por qué no lo me lo olí antes. Porque era una mierda perfumada, una mierda con perfume de marca.

Besé la mierda como quien besa una flor, y me llevé la lengua sucia. Por eso escribo lo que escribo. No es mi culpa. No uses perfumes de cien euros el bote, no pongas mirada de cervatillo herido, no abraces con aparente candor. Deja que aflore la mierda de la fosa séptica que ocultas, deja que te amen por ello si tienes huevos. Que te amen con tu mierda y tu silencio.”

En definitiva, una escribe sobre lo que ha vivido, lo que espera vivir o lo que cree que vivió. Sobre la memoria y sobre el otro. Me temo que siempre escribimos sobre el otro, para ver si lo alcanzamos. 

Recojo mientras tanto, los restos del naufragio, textos sobrantes, ideas cruzadas y puntos suspensivos. Y los tiendo al sol, para que seque la tinta.

Me sobran piezas. Quizás sea yo la que no encaja. 

Escribiré sobre ello. 

Paso.

Mierda, ya lo estoy haciendo.