La absurda manía de morirse (que tiene la gente buena)

Te has ido, Amado del Pino.

Y me he enterado de la manera más absurda, por la red.

Antes de olvidarte, de que el tiempo me arrastre de los pelos y me azuce como a una yegua loca  quiero escribirte.

Antes de morirme yo también, quiero despedirme de ti.

Escribirte es mi forma de entender el mundo.

Pero a la muerte no hay que entenderla, no hay quién entienda por qué unos sí y otros no ahora. Todos seremos sí algún día.

Te escribo para retenerte un segundo, tú como escritor hubieras hecho lo mismo.

Tan humanos y terribles, tan torpes.

Torpe yo, tras la noticia.

No eres mi primer muerto, aunque dueles.

Dueles porque la gente buena se está muriendo, uno tras otro.

Los miserables se mueren pero quedan otros tantos. Y los maestros son necesarios, sois necesarios.

Los maestros aparecéis para desvelar un tramo del camino. Tú alumbrabas en las conversaciones y me escuchabas con atención como buen periodista metido a autor.

Todo han sido señales recientes: una charla a medias, una recuerdo en una conversación con nuestra común y amada “Gertrudis de Avellaneda” una carta de tu puño y letra en un viejo cuaderno, una cita teatral sin fecha. Estaba ciega, ciega de premura.

Nos quedan pendientes litros de café y recomendaciones literarias, y aquel proyecto sobre el que tanto hablamos.

Tendré que conocer a Padura sola.

Y seguir escribiendo.

Quiero que lo sepas, que te lo lleves contigo.

Soy más autora por  ti.

Tenemos que plantarnos en la vida y confiar en el escenario como punto de encuentro, contigo tal vez un día, en ese café pendiente.

Hemos de vivirlo todo.

Y no esperar más a los ausentes, no estimar a quien no nos estima, no perder el tiempo.

Hoy se me acumulan los duelos. Necesarios y ardientes.

Te vas.

Aguarda, aún me quedan palabras. Soltaré tu mano con el punto y final.

Seguiré leyéndote en este Madrid de frío y recuerdos. Nos reiremos, por qué no, en la memoria es posible. Escribo de nuevo lo que merecías. Escribo y nos vamos por hoy; para siempre:

Gracias.

DEP: Amado del Pino (Tamarindo, Camagüey, 1960) dramaturgo, crítico literario, periodista, actor, amigo.

 

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Regalos del 2017

Un reto: pedir.

Un viaje a Galicia.

Encuentros afortunados.

El sol sobre el agua del mar en un día de invierno.

Una copa de vino.

Las campanas sonando mientras sigo en la cama.

Proyectos nuevos y reales: textos, independencia, viajes.

La Editorial Antígona publica El techo de cristal.

Una entrevista que yo hago. Dos que me harán en breve.

Tu silencio y mi fueza para no enredarnos más.

Un abrigo morado de lana.

Y una reflexión sobre el proceso de escritura de El techo de cristal.

Regalos de este recién iniciado 2017

Y lo que queda…

Sobre escribir y/o vivir

El deseo de belleza. 2017.

Balance y deseos.
Con mis mejores deseos.

El 2016 se sintetiza con una palabra: RETO

Y un aprendizaje fundamental: NO pagues cualquier precio por aquello que deseas.

Porque la vida, el universo, el destino, Dios (elija modo de creencia) me lo ha puesto delante, un deseo tras otro, en un laberinto de espejos donde por momentos, he dudado de quién soy.

Aquí me tenéis de nuevo, con una tarta enfriando en la ventana y el corazón tranquilo.

He escrito, y he escrito sobre lo que escrito.

He pisado muchos escenarios.

He habitado muchas aulas.

He dicho NO.

Me he sentido bendecida a cada pequeño paso. En los errores y en los aciertos, en los besos que dí y en los que quedaron pendientes, con cada vino, en cada oración a los vivos y a los muertos.

Yo que siempre me creí un ser extraño, capaz de crear belleza aunque indigno de recibirla, comparto esta belleza con vosotras y vosotros. Y me sé por fin DIGNA.

Llegó el día en que al escuchar mi nombre: LAURA, lo he reconocido como propio. Me pronuncio: Yo soy.  

Y ni tu vileza, tu miedo, tus ausencias, tus demandas, tus dudas, tus misterios, tu sombra importan (o sí, pero un poco menos) 

Lo he aprendido durante el 2016.

Al 2017 no le pido una nueva vida. Le pido ésta, conmigo y en compañía de quienes me aman y amo.

Deseo que mi palabra os conmueva. No a cualquier precio, sino al que merece.

Y regresar si me pierdo.

Gracias.

¡A por la belleza!

 

Vuelve el “El Techo de cristal. Anne & Sylvia”

 

Algunas de la últimas críticas…

Butaca de primera:

La pieza es redonda y sin fisurasla puesta en escena soberbia, recordando desde el primer momento los ambientes turbios que en tantas películas (y últimamente también en alguna serie) nos han planteado cuando se hablaba de esta época. Pero sin duda lo más interesante de la obra, además de un texto elegante y distinguido, es la complicidad que transmiten los tres actores 

Alba Mariño, Popup Teatro:

El techo de cristal es una muestra cruda y real de la ardua tarea de la “búsqueda de la vida perfecta”, de la vida soñada, pero sobre todo, esta sublime dramaturgia (firmada por Laura Rubio Galletero y creada desde la verdad más desnuda, desde la fuerza y desde la ausencia del miedo), supone una demostración del poder y el protagonismo de las mujeres antes, ahora y siempre”.

Ángel Silvelo, Todo Literatura: 

Bajo un excelente texto de Laura Rubio Galletero, asistimos a través de los vaivenes del flashback a este proceso de ida y vuelta que solo el paso del tiempo nos permite afrontar, y desde el que poder afligirnos, reir y llorar junto a los actores que lo ponen en pie…

El techo de cristal es una magnífica obra de teatro que nos hace reflexionar sobre aquello que de verdad importa

Tragycom:

Laura Rubio Galletero… teje un cesto consistente, sutil y vital en el que estas dos fantásticas brujas desnudan sus vacíos y los exponen a la mirada pública”. “… Una escenografía cálida y versátil que nos transporta a través de distintos años y momentos de sus vidas arrullando nuestros oídos con músicas de Nina Simone, Billie Holiday o Frank Sinatra”.

  • La obra vuelve a estar en cartel en Nave73 los viernes a las 20h durante los meses de diciembre (excepto el 23 de diciembre) y enero
  • Sólo el 23% de las obras de teatro estrenadas en España están escritas por mujeres, según el estudio elaborado en 2015 por el Grupo Barraquianos (Tragycom) a partir de los datos del Centro de Documentación Teatral de los últimos 20 años
  • La   propuesta,   sexto    montaje    de    la    compañía    La    Pitbull    TEATRO   (candidata   a   los  Premios    Max    2014   con   Segismundo,    el    príncipe    prisionero),    está  protagonizada   por   Luzia   Eviza   (Anne   Sexton),   Montse   Gabriel  (Silvia  Plath)  e  Ismael   de  la  Hoz  (Ted  Hughes).
  • Anne    Sexton    y    Silvia    Plath    fueron    dos    norteamericanas,    dos    bellezas,    dos  madres,  dos  hijas,  dos  esposas,  dos  suicidas… Fueron  dos  grandes  poetas que en  sus  textos  abordaban   con   valentía   temas   como   el   incesto,   las   drogas   y   el   sexo   en   una  época  de  censura  moral  y  de  servicio  femenino  a  la  familia.
  • Las barreras profesionales que tienen que enfrentar las mujeres para alcanzar el éxito, limitadas también por el escrutinio de las decisiones en su vida personal, son los temas que subyacen en la obra de teatro “El Techo de Cristal (Anne&Sylvia)”, de La Pitbull Teatro.

 

Desde la fragilidad

Sobre las personas y los personajes.
Manual de vuelo.

Para contar una historia hacen falta personajes, o una voz que ejerza de narrador que a su vez, será personaje.

Para vivir una historia debes hacerte personaje, personaje que con los otros la construyan.

Harto difícil es participar de la historia y salirse de ella. Podemos recurrir a este recurso narrativo para “extrañarnos” o hacer que se extrañen, pero ¿podríamos salir de “nosotros”, piezas indisolubles de la misma? El dentro y el fuera queda vetado incluso para los santos y la objetividad jamás será objetiva, por más filtros que una se esfuerce en aplicar.

Cuando  abordo la creación de un personaje o incito a otros a hacerlo, debo recordar esta premisa. Me pongo en guardia y manejo la información con cuidado. No somos objetivas porque nosotras formamos parte de la realidad que percibimos y que paradojicamente, pretendemos exponer como algo ajeno.

En un mundo, el del arte, donde la gente se esfuerza tanto en desvelar su voz y en demostrar su estilo, valoro  más una dosis menos de esfuerzo y una mayor  de técnica. Nuestro estilo (término tan moderno que ya es demodé) surge a pesar nuestro. Somos quienes somos y más nos vale esforzarnos en ocultarlo. Pensemos en el torrente de agua al que se le colocan obstáculos. El agua, o la vida misma, hallará los vericuetos necesarios para seguir y ampliar de paso, su lecho. Seguirá manando, más impulsivo aún.

Yo quería escribir sobre la intrahistoria y he acabado escribiendo sobre el proceso creativo, asoma mi yo docente que se une a muchos otros “yo”.

¿Cómo ha de ser un personaje para capturar nuestra atención y arrastrarnos en su peripecia?

Me resulta fácil estudiar a los personajes que me han atrapado, ya para siempre, durante mi vida como lectora o espectadora. Prefiero basar mi análisis, nunca objetivo- sigo recordándome- en las personas. Personaje y persona lo compartieron casi todo antes de Freud, y después, simplemente se alejaron en una separación amistosa.

Un personaje te atrapa cuando vive su historia.

Una persona te atrapa cuando vive EN la historia, a fondo, con sus lágrimas y su risa, con sus manchas de vino en la solapa.

Conozco a algunas personas que pretenden estar dentro y fuera, como un mal simulacro de narración. Todos lo hemos hecho alguna vez, es una forma de protegernos del dolor.

Esas personas, en un esforzado intento por no mojarse, quieren estar “al plato y a las tajás” (bendito refranero) a la emoción y a la razón como si en ningún caso fuera con ellos. Son lo que llamamos, personajes planos. Interesan, interesan al principio de la historia, despiertan la curiosidad y tendemos a proyectar en ellos nuestros deseos.

Quieren y no quieren, aman y no aman. Huyen de una mirada sincera igual que las cucarachas o los murciélagos. Temen la fragilidad, la suya propia.

Y dicen: -estoy aquí- y sabes que no es cierto, y repiten: confía en mí- y desconoces esa voz externa. Y juran que están vivos, y que son fuertes como espadas ardientes.

Sin embargo, somos demasiado humanos, tarde o temprano terminamos por volver a nuestro ombligo y el personaje o la persona se queda sola, tiritando, apagada por el curso de un río que pasó de todas formas. La razón, las ideas, el silencio no les salvó  del ahogo.

Nosotros como personajes y personas tenemos una vida que vivir desde la fragilidad. Sí, fragilidad. Sean los espectadores, los biógrafos, las vecinas quienes fabulen después.

Frágil es el ala de una mariposa, y una hoja seca. Ambas cortaron el aire en dos como no podría una espada.

Caerán a tierra, es cierto, quebradas y transparentes, pero acaso ¿no caeremos todos?

Ala de mariposa y hoja seca han logrado lo maravilloso, volar.

Después de mi último vuelo he perdido el miedo a dos cosas: a escribir y a mi propia fragilidad.

Eso deseo para ti: una vida que te rompa.

Y para los personajes.

Sal de esta historia (si entraste alguna vez) y di a mis lectores: Exagera.

Lo sé. Es la vida.

No estoy siendo objetiva, no podría.

 

 

 

Restos del naufragio

“Amar la realidad sería amar la mierda. Y amar la mierda sería añadir otra mierda más a mi vida”

Digo lo que necesito decir, o escribir, o vomitar. Yo, la comedida, la prudente, reúno estos tres verbos en uno solo y cuando digo, vomito, y cuando escribo, vomito.

Voy a hablar. No es una metáfora. Una sandía partida en donde se han detenido las moscas a desovar. Eso sí es una metáfora.

Lo sé, cabrones, por eso escribo, para que no me soltéis un diagnóstico evidente, y luego desaparezcáis. Escribo para no tener amigos, y para no depender de ellos, aunque los tenga.

He redactado ya los prolegómenos. Un poco de vaselina antes de disparar a bocajarro. Las balas se deslizarán suavemente por la piel entrando en la carne. Y el chasquido de los huesos me sacará una sonrisa.

Habita algo excitante en lo que intuyo que voy a escribir, un zumbido entre mis costillas como un constipado mal curado, un recuerdo que busca la pregunta que se quedó sin respuesta pero que aún no termina de encajar, un picor indefinido en el pie.

Escribiré sobre la falta de comunicación. Sobre la incomunicación o sobre el ruido. Algo sobre esas personas que pasan por nuestra vida haciendo mucho ruido (y pocas nueces)

Sobre la ausencia.

Algo como esto:

“Nada hiciste sino ruido. Malestar en la pantalla, malestar en mi cuerpo. Y yo pataleando como una niña a la que los reyes le han traído un regalo terrible, a la que le han traído un pijama de felpa viviendo en Canarias.

Mereces mi odio. La baba negra y cruel de una persona herida.

Herida sin saña, al descuido, dejando llagas abiertas y con mal aspecto.

Heridas por las que nadie será acusado de homicidio. Tantas heridas como en el pellejo de un oso abatido.  Mi piel no podrá usarla nadie más como alfombra después”

Hablo en general, por supuesto. No. Hablo por mí aunque no para mí.

Lo mejor de escribir en blanco es que suele quedarse en nada. En un documento de  título aleatorio  del que me desharé cuando haga limpieza. Una mamada. Una paja en el asiento de atrás de un coche de alta gama pasados los cuarenta. Un insulto entre dientes porque gritarlo conlleva valor. Un valor a la baja.

Escribiré sobre la aceptación de la realidad. Y cómo esa aceptación me llevará a sentir amor por el presente. Será un ejercicio de estilo tan de moda en las escuelas. Voy a ver si “amando lo que hay” me dan un Max o un Planeta.

Articularé frases de este tipo:

“Amar la realidad sería amar la mierda. Y amar la mierda sería añadir otra mierda más a mi vida junto al teatro, la familia y los pueblos de costa vacacionales. Coprofagia emocional sería. No sé por qué no lo me lo olí antes. Porque era una mierda perfumada, una mierda con perfume de marca.

Besé la mierda como quien besa una flor, y me llevé la lengua sucia. Por eso escribo lo que escribo. No es mi culpa. No uses perfumes de cien euros el bote, no pongas mirada de cervatillo herido, no abraces con aparente candor. Deja que aflore la mierda de la fosa séptica que ocultas, deja que te amen por ello si tienes huevos. Que te amen con tu mierda y tu silencio.”

En definitiva, una escribe sobre lo que ha vivido, lo que espera vivir o lo que cree que vivió. Sobre la memoria y sobre el otro. Me temo que siempre escribimos sobre el otro, para ver si lo alcanzamos. 

Recojo mientras tanto, los restos del naufragio, textos sobrantes, ideas cruzadas y puntos suspensivos. Y los tiendo al sol, para que seque la tinta.

Me sobran piezas. Quizás sea yo la que no encaja. 

Escribiré sobre ello. 

Paso.

Mierda, ya lo estoy haciendo. 

 

Hacia el ESTRENO

Cuando uno ama, debe mojarse.
Estrenamos MI AGRAVIO MUDÓ MI SER.
Amamos.

Quedan veinte horas y cuarenta y cinco minutos para el estreno oficial de “Mi agravio mudó mi ser” 

A medida que vayáis leyendo esta entrada quedará menos y menos tiempo. 

Y antes de que el público ocupe sus butacas y se prendan los focos, es mi deber y un honor escribir estas líneas. 

Ha sido hasta ahora, un viaje maravilloso.  Y no hemos llegado al final ni mucho menos.

Hoy he ido a la Sierra. He ido a perderme entre montañas y árboles, a quemarme con el sol y a escuchar a los pájaros como único sonido de fondo. Necesitaba belleza. 

Cuando asciendo cuesta arriba, con el calor, los insectos zumbando y mi poca pericia en escalada voy tan atenta a las piedras, a los charcos y a conservar el aliento que miro hacia delante, y hacia el suelo, hacia delante y hacia el suelo, para conservar la vida y mantener el objetivo. ¿Cuál? Llegar un poco más lejos.

Corono, me hago la foto de rigor, trago de agua y para abajo de nuevo. Me marco otro objetivo y hasta la próxima. Todo hermoso y regular.  

A veces descanso, o en un recodo del camino tengo que detenerme a sacar una piedra de mi bota. Y ahí está, esperando. Lleva a mi lado todo el sendero aunque estaba demasiado atenta a alcanzar la cima. El río. Suena con fuerza o amortiguado contra las ramas aunque nunca ha detenido su rumor. Brilla. Canta. Cambia.

Y decido, incumpliendo la legalidad, sentarme en un saliente de la orilla, e introducir lentamente, mis pies cansados de caminar. Ese instante, ese preciado, único, inexplicable instante formo parte del río y el río de mí. Nada más existe, salvo el correr de las aguas que bien podrían ser mis venas. 

“Mi agravio mudó mi ser” fue, ha sido y ES ese río, en donde las palabras de ELLAS (mujeres sabias y valientes) se unen a las mías e irán a resonar en vosotrxs para unirnos en pura experiencia. 

Y el instante, el tiempo detenido es ahora, como lo será mañana, como será vuestro también (más vuestro todavía) en la escena donde suceda. Ellas serán vosotrxs y vosotrxs ellas.

Cierro los ojos sin pensar mucho y siento AMOR. Amor por Óscar, por Paloma, por Julia, por Elena, por Álvaro, por Alba, por Yeray… por este equipo maravilloso y por cada ser que ha confiado en que el “Ser” tiene la capacidad de mudar. De des-agraviarse.

Siento amor por la Compañía de Creación Escénica sin postureo, ni afanes, amor ante su compromiso.  Sé que suena casi obsceno, pero la verdad suele serlo. 

El viaje continua. La palabra permanece en su fondo, pulida y única cada vez. La belleza que yo buscaba me ha encontrado.

“Mi agravio mudó mi ser” ES y SEGUIRÁ SIENDO.

¡GRACIAS!

 ESTRENO Jueves 7 de Julio/ Viernes 8 de Julio 20.15 Teatro Luchana. 

Información y reservas

TEORÍA DE LA SINCRONICIDAD

Métodos de supervivencia en mañanas primaverales.

Carl Gustav Jung acuñó el término “sincronicidad” para referirse a las coincidencias significativas que suceden en un mismo espacio temporal. Como cuando piensas en alguien y te lo encuentras, o acabas de romper una relación y todas las canciones suenan a las canciones o, los nombres al azar en la calle coinciden con vuestros nombres. A lo mejor es que ahí, el cerebro se esfuerza en ignorar la derrota en busca de señales que nos anclen a la norma conocida.

Jung confiaba en la existencia de un inconsciente colectivo manifestado mediante símbolos, símbolos descifrados por cada individuo en forma de casualidades o causalidades. Para este psicólogo, lo mismo que para los Vedas, o los físico cuánticos el tiempo es un océano que se dobla y desdobla sobre sí mismo donde nosotros, pobres humanos, hemos de sumergirnos, bucear o ahogarnos.

Siguiendo la corriente de la que soy parte y todo, he aprendido a leer en el curso del agua lo que se supone que ya ha pasado, o sigue pasando aunque nunca sean las mismas aguas las que me cubran. Es un método que inventé hace tiempo, o que recordé si ya sabía, que traduje a mi manera.

Nado por esa corriente con los ojos bien abiertos, y la cabeza alta como una señora que evita mojarse el peinado.

Si un chispazo de voz prende a lo lejos y me deslumbra, procuro acercarme a él. Tomo a toda prisa la pala que escondo bajo las pupilas y escarbo entre mis papeles, para que no se conviertan en papel mojado. Remo y hundo el madero hasta extraer la idea que late dentro. Vierto después esos hallazgos vivos en mi cuaderno de arena, liso, azul oscuro, que  absorbe todo como una orilla. Mi hazaña no consiste en rescatar las palabras, siempre están ahí, sino en ir saltando de una a otra, de piedra en piedra hasta salir del agua. El mérito radica en mantenerse a flote.

 

El DON de la INVISIBILIDAD

Éste es mi homenaje a las mujeres en este 8 de Marzo.
Y a quienes nos acompañan en este trabajo de existir.

La madre de mi madre, mi abuela Mariana, parió seis hijos y se partía el lomo arrancando patatas de una tierra en postguerra, hambrienta de esperanza.

La madre de la madre de mi madre, mi bisabuela Anselma, se puso al frente de su familia tras quedarse viuda muy joven, y se montó un telar con sus hijas en donde entre hebras de colores recitaba unos cantares que yo aún recuerdo. 

Mi madre, Anselma a ratos, y Juana a otros, nos sacó adelante con tres trabajos a la vez después de que su marido la hiciera, nos hiciera polvo la alegría.

Mi madre, la madre de mi madre, la madre de la madre de mi madre y así, en remonte hasta Lilith me enseñaron que debíamos trabajar sin descanso. Trabajar para ganarnos el pan, trabajar para ganarnos la vida, como si la vida hubiera que hacerla de uno a base de sacrificio. Como si vivir no fuera lo único que no hemos elegido.

Mis mujeres me enseñaron también a mostrarme complaciente, a esperar, a ser buena persona y que se note, a servir al otro, a estar atenta a sus enfermedades y preocupaciones, a asumir ausencias, a esforzarme en ser más lista, más guapa y más limpia aunque no te miren o vean a través de ti. 

Hacerse mujer es en sí un auténtico trabajo.

Hoy es 8 de Marzo. Y alguien nos ha dicho que debemos conmemorar El Día de la Mujer trabajadora. En este día, un grupo de mujeres fueron asesinadas por creer que trabajar era un deber y a su vez, un derecho por el que se perciben beneficios. 

Hoy debemos celebrar este santo laico, en una sociedad ávida de mártires por capturar una foto fija donde imprimir un eslogan.

 Pero yo sigo pensando en mis mujeres que trabajan para ser alguien en la vida cuando ellas mismas no se sienten nadie si no las nombran. Pienso en mí.

Yo sé lo que es ser invisible. Lo he sido desde niña. Podía estar a tu lado y no darte cuenta. Podía estudiar contigo la carrera y no recordar si era yo o esa chica llamada María. Yo tenía ese don que me salvó el cuello a base de no ser nadie. 

Ahora tras muchísimo trabajo (cómo no) he empezado a  dejar de serlo aunque sigo siéndolo a la vez, porque me dedico a algo tan inasible como la creación. Y ser mujer en el mundo de las artes escénicas es ser de nuevo, invisible. Y hablo de lo que sé en mi carne transparente. 

Si ser mujer es un trabajo, ser mujer en el teatro es un trabajo añadido. ¿Qué estamos entonces celebrando? 

¿Para cuándo el día de la mujer ociosa? ¿De la mujer negra, pobre, Down, lesbiana, teatrera y ociosa? Todo junto, todo en minoría.

Nombremos el 8 de Marzo como el DÍA DE LA MUJER EMPLEADA.

Para TRABAJO YA ESTÁN los 364 días restantes del resto de tu vida.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de AMOR?

De AMOR, bizcochos de chocolate y TEATRO.

Tomo prestado el título del maestro Carver para actualizar mi blog. 

Me preparo un bizcocho de espelta con todo el chocolate que encuentro por casa y me siento a escribir de nuevo. Esta vez desde mí. Estoy nerviosa como una enamorada.

¡Feliz día! 

Primero la felicitación, válida para el 13 de febrero y para mañana. 

Confío en que hayáis dedicado al menos, un minuto a vuestro amor o vayáis a hacerlo. Amor de pareja, amor a aquello que améis.

Leerme también es un acto de amor. Me estáis amando sin saberlo acaso.

Hoy he decidido mantenerme al margen de tóxicos amorosos, de vino, canciones, películas y mensajes. Ha sido complicado, los corazones rosas desbordan cualquier ventana, virtual y real. 

Quería comprobar qué he aprendido del amor en esta etapa.

Descubro en mí mucha información. Como mujer moderna y consciente,  sé de reacciones químicas, de estados hormonales, de interacción, de cómo deconstruir el amor romántico, de porcentajes, como si toda esa maraña de cifras y letras me fuera a proteger, como si yo no estuviera ya contaminada. Me como el bizcocho vegano, ecológico pero repleto de chocolate, contradictorio e insano. 

Seguimos necesitando que nos amen para ser. Ser mejores. O  eso creemos. 

No, no es un post de autoayuda. No sé qué diablos es.

 Yo no sé si sé de amor, de su praxis.

Sé que en nombre del  “amor” se han librado guerras externas e internas. 

Sé que las mujeres cargamos con el cuerpo muerto de lo que nunca seremos, tan irreal como menstruar agua de Florida o aguardar al príncipe azul. 

Veo cómo esas mujeres se destrozan. Y me preguntan (a mí, a mí) que parezco Sócrates cicuta en mano. 

Veo cómo los hombres huyen, y vuelven, y desaparecen, y buscan y se destrozan a su manera.

Veo a lo Casandra.

Me viene a la cabeza una definición del Amor del campo de la psicología: 

AMOR ES SENTIR QUE IMPORTAS Y SENTIR QUE APORTAS.

Emoción y acción.

La mayoría de las veces una de las dos falla, o las dos.

Y seguimos llamándolo AMOR.

No importa mientras tengamos un amor al que etiquetar.

Yo no lo quiero así.

Quiero emocionarme y emocionar, quiero accionar y mover a acción. 

No quiero más reacciones, reacciones alérgicas.

Emoción y acción. Igual que en EL TEATRO. 

Éste es mi regalo en el día de hoy para todos los días.

Para MÍ y PARA VOSOTROS. 

Si no es así, no lo llaméis amor. Llamadlo necesidad o capricho. Mirad preocupados la pantalla del móvil, mirad debajo de la cama ajena cuando no encontréis el zapato izquierdo, mirad esa arruga en el entrecejo que os ha salido de emocionaros de más o de menos, de hacer de más o de no hacer nunca. 

Y quereos, joder.

Os veo- dijo Casandra. 

 Creo que acababa mal la historia, pero habrá valido la pena.

NOS VEMOS EN EL TEATRO, y en la VIDA.

Felices.