El DON de la INVISIBILIDAD

Éste es mi homenaje a las mujeres en este 8 de Marzo.
Y a quienes nos acompañan en este trabajo de existir.

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La madre de mi madre, mi abuela Mariana, parió seis hijos y se partía el lomo arrancando patatas de una tierra en postguerra, hambrienta de esperanza.

La madre de la madre de mi madre, mi bisabuela Anselma, se puso al frente de su familia tras quedarse viuda muy joven, y se montó un telar con sus hijas en donde entre hebras de colores recitaba unos cantares que yo aún recuerdo. 

Mi madre, Anselma a ratos, y Juana a otros, nos sacó adelante con tres trabajos a la vez después de que su marido la hiciera, nos hiciera polvo la alegría.

Mi madre, la madre de mi madre, la madre de la madre de mi madre y así, en remonte hasta Lilith me enseñaron que debíamos trabajar sin descanso. Trabajar para ganarnos el pan, trabajar para ganarnos la vida, como si la vida hubiera que hacerla de uno a base de sacrificio. Como si vivir no fuera lo único que no hemos elegido.

Mis mujeres me enseñaron también a mostrarme complaciente, a esperar, a ser buena persona y que se note, a servir al otro, a estar atenta a sus enfermedades y preocupaciones, a asumir ausencias, a esforzarme en ser más lista, más guapa y más limpia aunque no te miren o vean a través de ti. 

Hacerse mujer es en sí un auténtico trabajo.

Hoy es 8 de Marzo. Y alguien nos ha dicho que debemos conmemorar El Día de la Mujer trabajadora. En este día, un grupo de mujeres fueron asesinadas por creer que trabajar era un deber y a su vez, un derecho por el que se perciben beneficios. 

Hoy debemos celebrar este santo laico, en una sociedad ávida de mártires por capturar una foto fija donde imprimir un eslogan.

 Pero yo sigo pensando en mis mujeres que trabajan para ser alguien en la vida cuando ellas mismas no se sienten nadie si no las nombran. Pienso en mí.

Yo sé lo que es ser invisible. Lo he sido desde niña. Podía estar a tu lado y no darte cuenta. Podía estudiar contigo la carrera y no recordar si era yo o esa chica llamada María. Yo tenía ese don que me salvó el cuello a base de no ser nadie. 

Ahora tras muchísimo trabajo (cómo no) he empezado a  dejar de serlo aunque sigo siéndolo a la vez, porque me dedico a algo tan inasible como la creación. Y ser mujer en el mundo de las artes escénicas es ser de nuevo, invisible. Y hablo de lo que sé en mi carne transparente. 

Si ser mujer es un trabajo, ser mujer en el teatro es un trabajo añadido. ¿Qué estamos entonces celebrando? 

¿Para cuándo el día de la mujer ociosa? ¿De la mujer negra, pobre, Down, lesbiana, teatrera y ociosa? Todo junto, todo en minoría.

Nombremos el 8 de Marzo como el DÍA DE LA MUJER EMPLEADA.

Para TRABAJO YA ESTÁN los 364 días restantes del resto de tu vida.