Fallarás

“Qué bonita eres.

Qué ojos más grandes tienes.

Qué bien quedas en mi cama.

Dónde has estado todo este tiempo.

Qué miedo me das, qué miedo me estás dando.

Te llamaré para tomar un vino, te llamaré en veinticuatro horas, vamos hablando.

Voy a esperar a que se me pase tu efecto.

Cuando tenga un rato te llamo. Mi wassap está disponible.

Estoy muy ocupado, estoy muy ocupado, estoy muy ocupado.

Pero tú me gustas, cómo no me vas a gustar, a quién no le gustas? tienes flow, tienes duende.

Laura, eres Laura”.

Dile esto, todo esto a una chica y ten por seguro, que esa noche fallarás.

Has leído bien, FALLARÁS. Sin vocales confusas o consejos infalibles.

Será posible que la apreses y que ella se abra para ti como una flor o una mancha.

Seguramente, tensará mucho los labios y soltando un suspiro, te confiese algo que guardaba dentro. 

Quizás te mire, y crea reconocerte.

Y seguirás fallando con gusto hasta descubrir un rincón en su cuerpo y hacerte un ovillo en él durante horas.

Fallarás en el vacío, llenarás los huecos con sonido y llanto, con un gemido.

Fallarás más que nadie y podrás alardear con tus amigos, llorar a tus amigas, contárselo a tu madre. 

Y ella seguirá al fondo del pasillo, vestida de blanco y azul, escuchando de nuevo la pieza.

Aguardando una sola palabra con alma. 

¿Bastará para sanarla?

Cosa de místicos. Pero ella siempre ha sido un poco extraña, hija amante del silencio.

A punto de regresar al paraíso de su infancia, encierra libros en la maleta. Deja tus palabras fuera. Ya cargó con ellas mucho tiempo.

Fue patético llenarte de palabras como el lobo.

Fue penoso hundir en ella tu falta de piedad contigo mismo.

Porque una palabra es una piedra y un cuerpo yacente un lago, y la piedra que se arroja pesa y las ondas del agua lo despiertan, y cuando quiera saber qué cuenta la piedra, se encontrará atrapado en su fondo por las palabras sin alma.

En este miedo inmenso donde todos flotamos, decir lo que se quiere oír, para fallar, se convierte en estado de sitio, estado de gracia -estado de soltera todo el día- que escribe Gloria Fuertes. 

Y o duermes o nadas para no ahogarte.

Comienza el viaje con destino al alma desnuda. Nada.

El que nada no se ahoga. 

Nada y no fallarás. 

Y quizás, así te ames. Me ames.  

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Equilibrio(s) hacia el 2016

Equivocarse para seguir adelante. Feliz siguiente parada.

Error.

Me lo ha dicho Ted Hughes. He abierto un poemario suyo al azar, y le he preguntado: ¿Cómo doy inicio a la última entrada del año?

El poema se titulaba: Error. Dice cosas hermosas sobre enamorarse de una mujer como de una tierra y sobre ganar lo que uno sabe que tarde o temprano acabará perdiendo. Me ha regalado una palabra, un error.

Hacer balance es este error, nadie puede sostenerse en perfecto equilibrio mucho tiempo. Pero nos empeñamos en mirar hacia atrás el 31 de diciembre. Nos convertimos en sal un instante, antes de echar a correr despavoridos por la cuesta de enero.

Venga, haré balance, me equivocaré a fondo. No sé dejar las cosas a medias y me gusta el sabor a sangre.

¿Me equivoqué? Me equivoqué.

¿En qué? En qué no.

¿Aprendí? No me atrevo a responder.

Viajé, viajé mucho.

Anduve hasta caer exhausta.

Recé a dios y al mar.

Me fui a un convento y al bosque.

Bailé en medio del olivar de mi abuelo.

Bebí vino tinto para engañarme.

Me dejé engañar.

Amé, y descubrí que podía seguir amando.

Confié en la palabra siempre.

Empecé a dejar de creer en las palabras.

Me puse flores blancas en el pelo.

Mentí yo.

Tuve mi enésima oportunidad a mis casi cuarenta.

Besé a Murphy más que a nadie sobre la faz de la tierra.

Sostuve un bebé en brazos, nos miramos fijamente y nos reconocimos.

Me calé hasta los huesos en los callejones nocturnos de Venecia.

Escribí una carta de despedida con pluma y buen papel.

Escribí una carta de bienvenida con pluma y papel azul.

Vi la traición brillar y no me la creí hasta que me la hundieron en el costado.

Esperé. Esperé. Esperé.

Descubrí la generosidad absoluta de los verdaderos maestros.

Acabé dos textos, tres mujeres maravillosas bailaron a sus madres por mí e inicié cuatro grandes proyectos.

Me leyeron unas cartas que no eran respuesta a las mías.

Enseñé a universitarios por primera vez, y me enseñaron ellos a cambio mucho más.

Conocí a personas increíbles.Conocí a personas increíbles.Conocí a personas increíbles.

Canté a voz en grito como hacía décadas que no cantaba y lloré dulcemente por ello.

Escribí, escribí, escribí incluso en movimiento.

Hice galletas, kilos de galletas. Galletero soy.

Me besaron frente al mar.

Me besaron contra una pared.

Me asfixiaron.

Di las gracias por confiar en mí. Os las doy de nuevo: Gracias. Tuyas son, también tuyas.

Y siento ahora cómo me miras, y sobre todo cómo yo miro, con los ojos muy, muy abiertos, para no perder detalle ni perder pie en este equilibrio imposible de mi yo equilibrado.

Gracias, Ted por la palabra Error.

El error es mi único maestro.

Porque de tanto equivocarme, descubro cuánto sé.

Pienso equivocarme mucho en el próximo año.

¿Os equivocáis conmigo?

Adiós 2015.

Bienvenido seas, 2016.