(Yo)Te beso

El beso que no te di
se me ha vuelto estrella dentro…
¡Quién lo pudiera tornar
—y en tu boca…—otra vez beso!

Dulce María Loynaz

Para besar sólo hace falta fruncir los labios, acomodar la lengua en el paladar y aproximar el propio cuerpo con la intención debida.

No es lo mismo el beso de la abuela, que el del niño o el amante (Porque un beso de amor no se lo das a cualquiera)

Yo quiero hoy besarte por medio de esta página. Hacer homenaje y venganza, dar un beso grato desde lo ingrato de la vida, generar carnalidad con la textura terrosa de una palabra. Si con la palabra también se hiere y mata, con ella te quiero  besar.

Besó Judas, besó Amor a Psiquis, y no sé cuántas bocas pasaron por Blancanieves antes de la llegada del príncipe. Besó el primer amor marcándonos a fuego la memoria, besaron las mamás nuestra rodilla después de tropezar en las aceras. Besaste la luna del espejo practicando el hechizo inquebrantable, te besaste a ti mismo el día que lo alcanzaste, por fin lo alcanzaste.

Quiero besarte, qué gran alegría besarte! Tengas o no una barba y ojos achinados, luzcas rastas o cuerpo de sirena, hables lento o en idiomas muy extraños. Besarte con lo que sé y lo que soy, esta voz que como el espejo se quebranta.

Beso al que me quiso y dejó de quererme.

Beso al que me quiere y me seguirá queriendo.

Beso al que me lee y dice: quisiera seguir leyendo.

Beso a quien quiere besarme y no se atreve.

Beso a quien escucha y me recibe en sus oídos.

Beso a los cobardes, los que juegan y los que no saben jugar.

Beso a programadores, a gestores.

Beso a los envidiosos. Les beso y les reflejo.

Beso a los que buscan horas para un café porque ese café es una forma de besar al tiempo, de mimarlo y no perderlo.

Beso a los que besan como método de mando.

Beso a los que besan por inercia.

Beso a mi madre.

Beso a la madre de mi madre, y a su madre y a cada madre también porque quizás no las besaron lo que merecían.

Beso a mis muertos porque antes no lo fueron.

Beso a los que mueren en vida evitando ser besados.

Te beso, no me lo devuelvas.

Te beso y sellado queda. No sé a quien besarías tú, yo ya te he besado.

Y se libera, el deseo se libera.

En el Día Internacional del Beso, beso a Eduardo Galeano y a Günter Grass.

Va mi beso para ellos con la gratitud debida.

Gracias. Un beso.

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Ya soy redactor

“¿Por qué extraña fatalidad ha de anhelar el hombre siempre lo que no tiene?(…)

Yo, Fígaro, soy de ello una viva prueba: no bien me había tentado el enemigo malo, y sentí los primeros pujos de escritor público, cuando dieron en írseme los ojos tras casa periódico que veía, y era mi pío por mañana y noche:

– ¿Cuando seré redactor de periódico?

(…) El hecho es que me acosté una noche autor de folletos y de comedias ajenas, y amanecí periodista:

(…) -Ya soy redactor- exclamé alborozado,- y écheme a fraguar artículos, bien determinado a triturar en el mortero de mi crítica cuanto malandrín literario me saliese al camino en territorio de mi jurisdicción.

Pero ¡Ay de mí!insensato, qué chasco sobre chasco, vivo hoy tan desengañado de periodista como de autor de comedias (…) juzgue el lector sino es preferible vivir tranquilamente subscripto a un periódico, que haberle sabia y precipitadamente componer.

– ¡Señor Fígaro!un artículo de teatros.

-¿De teatros? Voy allá.

Yo escribo para el público, y el público-digo para mí,-merece la verdad: el teatro, pues, no es teatro: la comedia es ridícula: el actor A es malo, y la actriz H es peor. ¡Santo cielo! Nunca hubiera pensado en abrir mi boca para hablar de teatros. Comunicado a renglón seguido en mi papel y en todos los contemporáneos en que el autor de la comedia dice que es excelente, y el articulista un acéfalo: se conjuran los actores, cierran la puerta del teatro a mis comedias para lo sucesivo, y ponen el grito en los cielos. ¿Quién es el fatuo que nos critica? ¡Pícaro traductor, ladrón, pedante!¿Y esto logra el pobre amigo de la verdad y de la ilustración?

¡Oh qué placer el de ser redactor! (…)”

Cruzar el umbral

Comenzamos año.

Y me siento a escribir. Necesito escribir aunque no sé de qué. Acabo de terminar un texto y me he quedado un poco vacía, como una recién parida a la que le da miedo mirar su criatura, no vaya a parecerse al padre, sea quien sea.

Observo la pantalla y nada.

Me digo: escribe desde tu dolor (a veces funciona) entonces me pondré a escribir sobre amores trágicos y traiciones. La tristeza es muy creativa pero te conduce siempre a Cumbres Borrascosas.

Escribe sobre tu pasión es decir, apasiónate sobre lo que escribes y me lío. Sobre tu pasión terrenal, nena, me parece que aún no.

Bueno, pues sobre lo bien que te va a ir este nuevo año.

Me va a ir fenomenal en este nuevo año. Fin.

No visualices demasiado que lo bloqueas. Y es que a mí esto de visualizar me funciona a la inversa, cuanto menos más.

En serio Laura, eres escritora, céntrate, no tienes resaca. A ver ¿por qué has puesto ese título?

Cierto, el título. Ya tengo por dónde empezar.

Ayer por la tarde, me dio por abrir un cajón de mi cuarto (cuarto en el que vivo recluida a lo monja del Cister) y allí estaban, docenas de cuadernos garrapateados desde el 97 hasta bien entrados los dosmiles. Diarios de mi primera juventud, trágicos, apasionados, reflexivos… abrí uno al azar, de los más antiguos (el más antiguo es de cuando tenía siete años y tiene una bailarina en azul celeste y un candadito dorado) Abrí uno, un poco menos antiguo y bastante grueso.

Me asaltó un párrafo en el que hablaba de cruzar el umbral del año nuevo como símbolo de nueva vida (yo, que he vivido seis vidas ya) con una inocencia e ilusión dignas de estar bendita. Me conmovió leerme y no haberme borrado aún, tras tanto tiempo.

Por la noche, en un mensaje, me desearon un buen paso de umbral. Todo lo bueno del año nuevo me esperaba al otro lado, me esperaba desde hoy.

Entró el año. Y esta mañana, con toda la familia dormitando su día 1 y mientras desayunaba he vuelto a releer Moths. Mi obra de cuarto de RESAD. Mi pequeña. Hacía años que no caía en mis manos, una deja de leer lo que escribe porque ejerce sobre sus textos un cierto paternalismo no exento de dureza. La he leído de un tirón, sin pensar, queriendo. En una escena, Virginia le dice a Clive:

-Adelante, ¿desde cuándo te detiene un umbral?- Alusión clara al entusiasmo del personaje y al interés de éste en arrebatarle su virginidad. Pero eso es otra historia, no nos desviemos.

Tres momentos, unas pocas horas. Tres umbrales. No soy la loca de los umbrales, entre el diario y Moths habían pasado diez años. Entre Moths y anoche casi siete. Joder, el tiempo.

Para cruzar el umbral hay que quitarse el peso del miedo y la mentira. Pronuncio umbral y estoy en Italia, a cuarenta grados a la sombra toscana danzando sobre Alicia (mi adorada Alicia), digo umbral y evitando la gracia de ponerle Paco delante, me cruzo de acera y te saludo con la mano y un beso rojo en la punta de los dedos. Pienso umbral y atravieso un túnel donde personas desconocidas me dan la bienvenida por nacer.

La serendipia nos hace viajar y teje en torno a nosotros una red poderosa e invisible que se nos ciñe a las caderas para que podamos recorrer todos los caminos. Pero claro, para ello hemos de estar desnudos y con la piel a prueba de asombro.

Feliz umbral.

Estamos al otro lado. De momento.

Mi corazón. Cien años de Platero.

“Nos entendemos bien. Yo lo dejo ir a su antojo, y él me lleva siempre adonde quiero. Sabe Platero que, al llegar al pino de la Corona, me gusta acercarme a su tronco y acariciárselo, y mirar el cielo al través de su enorme y clara copa; sabe que me deleita la veredilla que va, entre céspedes, a la Fuente vieja; que es para mí una fiesta ver el río desde la colina de los pinos, evocadora, con su bosquecillo alto, de parajes clásicos. Como me adormile, seguro, sobre él, mi despertar se abre siempre a uno de tales amables espectáculos.
  Yo trato a Platero cual si fuese un niño. Si el camino se toma fragoso y le pesa un poco, me bajo para aliviarlo. Lo beso, lo engaño, lo hago rabiar… Él comprende bien que lo quiero, y no me guarda rencor. Es tan igual a mí, tan diferente a los demás, que he llegado a creer que sueña mis propios sueños.
Platero se me ha rendido como una adolescente apasionada. De nada protesta. Sé que soy su felicidad. Hasta huye de los burros y de los hombres…”

Juan Ramón Jiménez

Platero y yo. 1914