CoNocErME

Esperarte

Guardarte

Recordarte

Todo en te

Tomar el te

Tomarte el pelo

Besarte

Quererte

Querer  que lo recibas

Porque lo mereces

Te lo mereces

Te lo puedo decir más alto

Y más claro

Te lo digo igual

Te de tolerancia

Te de temor

a que te rindas

Te de tila para la angustia

Jódete, Laura

Te, ti, tú y tus circunstancias

Segunda persona del singular

Ten cuidado

te la estás jugando.

Te quiero, vida mía

Te quiero noche y día

No he querido nunca así

Te quiero con locura

Con odio y con ternura

Sólo vivo para ti

Dale la vuelta al TE

DÁSELA

TE- ET

La conjunción latina de unión

¿Y?

¿Qué te habías creído?

¡Qué terrible ironía!

Te lo puedo decir más alto

Te lo hubiera dicho más claro

Si te hubiera visto venir.

Qué te jodan.

Te lo dije entonces, te lo niego ahora.

Te pienso te pienso te pienso.

Te en medio de la palabra intensidad

Te al final de la palabra amante

Donde tomamos te y luego follamos

Con la vida tenemos dos opciones

O la tememos

o la terminamos hasta el fondo, como una botella de tinto.

Te lo mostré

Te lo estoy mostrando

Te importe o no.

A mí Me importa

Quizás tiendo a exagerar

Está terminantemente prohibido creer

En este mundo de tensiones extremas

De terrorismo

De máscaras que uno pretende

arrancarse temblando.

Déjate. Piérdete. Muérete.

Tú en lo externo.

Yo tecleando el te de

Te has ensuciado

Y perdiste tu luz

sin entregarte

Te lo digo tan claro

Como la luz que aun mantengo

De la segunda persona a la primera existe una diferencia

Tanta como del tú al yo

Aunque no te des por enterado.

Me+et

MEET 

Tu PaLAbrA en MI BoCa o La tELA De ARaÑA

Me dices que quizás me dejaste con la palabra en la boca.

Y yo aprieto los labios y la percibo moverse como el rabo de una lagartija. Muerdo la palabra y se divide en dos. Son dos palabras que vienen a partir por medio lo que te hubiera dicho. 

Me trago una, la palabra breve,como se traga la ostia sagrada de las misas por compromiso, y como en esas mismas ceremonias donde los ojos se clavan en tu nuca, la palabra se pega al paladar cortándome el aire. Decimos lo que podemos, lo que la palabra aferrada nos permite decir mientras se yergue muro, mientras deja de ser oblea para convertirse en filo.

La otra la escupo. Peor que el vómito o el aliento de la mañana. Desgarro su latido caliente, asesina, animal. Me gustaría purificar mi cuerpo en esa palabra agonizante y renacer como virgen en el arte de inventar historias.

Mato y no me las como, mato por el placer de matar y escupo lo que no me atrevo a contarte, mis miserias que son mías, mis deseos que son míos, mi locura que a nadie importa porque no alcanza entidad de fábula. Mato a veces lo que me daría la vida para no matarme yo si me atreviese a hacerlo.

¿Has escuchado? De nuevo hablo.   

Tejo con las palabras más bellas una telaraña que me cubre y me honra, con la que otros, quienes no ven más allá, dirán: ¡Cómo se nota que eres dramaturga! Recuerdo el cuento de la cerillera. Cada breve llama es una palabra que primero me abrasa los dedos, y en la que tú y yo nos reconocemos un segundo antes de la oscuridad absoluta. Cuando se consuman las cerillas, porque siempre se acaban, el hielo solamente me asesinará a mí.

Y sólo alcanzo a decirte frases que han ido a parar a una pantalla iluminada, sazonada con emoticonos y exclamaciones sin cuerpo ni sangre. Sin la sal de la vida, sin sabor.

En esta noche de verano, antes de partir mañana a recoger mi corazón lejos, entrelazo una palabra tras otra sin interés alguno y me convierto en personaje, me lo vas a permitir, para que mis palabras por fin me atraviesen la carne, quiero habitarlas por completo. El deseo de que entiendas es su dolor, un dolor que palpita.

Mírame, me relamo como una fiera antes de cerrar la boca, con la huella aún fresca de tus palabras sobre mis labios. 

Quien escribe aúlla y espera, como un personaje flotando sobre las aguas del río.

Y lo demás es silencio.